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La anécdota de Fatalidad

 

Crónica 

Sucedió en 1955 y se viene repitiendo desde entonces, repasando una y otra vez el perfil de la personalidad de Jotajota:

El vinceño Olimpo Cárdenas (Olimpo León Cárdenas Moreira,  1923-1991) tenía sus treinta y dos años de edad; el guayaquileño Julio Jaramillo, veinte.  El primero era artista aplaudido en Ecuador, Perú, Colombia, Venezuela, Centroamérica y México.  A Julio lo reconocían apenas los asiduos a los programas que armaban con artistas aficionados las radios guayaquileñas, por las que Olimpo se había paseado como estrella.

 

Olimpo había grabado en Colombia un vals peruano, Fatalidad (al reverso, Tu duda y la mía), para el sello discográfico Victoria con gran suceso regional.  En Ecuador sonaba con insistencia en radioemisoras y cantinas.  La venta de los discos con el valsecito era intensa, lo que puso en atención a un empresario disquero ecuatoriano, el por entonces muy joven Francisco Feraud Aroca.

En 1955, Pancho Feraud tenía veintiocho años de edad y desde siete años atrás manejaba el negocio que había fundado su padre, José Domingo Feraud Guzmán, los almacenes de música de su nombre, con el slogan “Allá donde usted sabe”.  Panchito era un ejecutivo avispado y entrador y advertido del impacto del éxito quiso imprimirlo en Guayaquil.  Solicitó la licencia a discos Victoria, pero los derechos resultaron excesivamente caros para su empresa.  Entonces se empeñó en grabar su propia versión.

En esas andaba Panchito cuando frente a su almacén acertó a pasar Julio Jaramillo.  Lo abordó y el anecdotario quiere que le dijera:

-Oye, cholito.  ¿Puedes grabar Fatalidad como lo canta Olimpo?

-No, como lo canta él, no. ¡Mejor!

Entonces, pusieron manos a la obra y en cuestión de horas ya habían convocado a  los estudios de Ifesa (Industrias Fonográficas Ecuatorianas S.A.) a los músicos dirigidos por el cuencano Rosalino Quintero, que acababa de dejar sus empeños de joyero para meterse de lleno a lo que lo llamaba, la guitarra.  El azuayo había reunido las guitarras de Sergio Bedoya y Juan Ruiz, y el contrabajo del compositor Carlos Silva Pareja. 

Con ese respaldo musical Julio grabó su versión de Fatalidad.  Sus parciales dicen que mejor que Olimpo; los olimpófilos dicen que no, que lo Julio hizo fue imitar al maestro Cárdenas.  Allá cada cual con su cada quién.  A nosotros nos gustan ambas versiones.  Y sí, sí le encontramos bastante “parecido” a la versión de Julio con la de Olimpo, sino que la de Jaramillo es más dulzona, más quejumbrosa y, por lo mismo, más valsera.

En cualquier caso, la versión de Julio fue ganando adeptos y llegó a venderse bastante más que la original. Y sirvió para que se difundiera el nombre de “su autor”, el peruano Laureano Martínez

Sin embargo, la verdad es que Laureano Martínez Smart (Lima, 4 de julio de 1903-Lima, 1964), uno de los nombres grandes de la música criolla peruana, fue el compositor, o sea, el creador de la música de Fatalidad.  Ya había hecho popular su creación máxima, El provinciano (que también grabó Olimpo antes que Julio).  Y el autor, o sea el creador de la letra, fue el poeta Juan Sixto Prieto (Lima, 28 de marzo de 1902-?) letrista también de otros valsecitos musicalizados por Martínez, como el mismo El provinciano.  Pero estos son detalles que al amante de los valsecitos le importan poco menos que un pito, pese a que a Maquilón Radio sí le importan y por eso se los trasladamos a usted en esta nota.-

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