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La primera grabación

Romance a una tejedora manabita

LA PRIMERA GRABACIÓN*

 

Lo más probable es que el primer intérprete del pasillo Romance a una tejedora manabita haya sido el propio Filemón Macías con su guitarra.  Él, como compositor y como entrañable amigo del autor, era el indicado para cantar por primera vez esos versos.  Hubiera sido maravilloso que el maestro portovejense le diera vida musical a esos versos con su afinada voz y su guitarra dejándolo registrado fonográficamente.

En todo caso, creemos no errar cuando afirmamos que la primera grabación la hicieron los Hermanos Bermúdez Brito, Marco y Eduardo, sobrinos del inmortal cantor Eduardo Brito Mieles e incluso del mismísimo Filemón.  Así nos lo hace notar el hermano del doctor Brito, Luis Miguel Brito, “el del swing sabrosito”, locutor y presentador de bien timbrada voz y vastísima experiencia en el mundo del espectáculo.

Miguel recuerda que conoció a Paco del Casti en Guayaquil, cuando acompañaba a su tío Filemón, a quien presentaba en sus actuaciones en Radio CRE, de Rafael Guerrero Valenzuela.  “Me dio valiosísimos consejos sobre lo que se debe y lo que no se debe hacer en el escenario”, rememora Brito Mieles.  Él confirma nuestro parecer respecto de la primera grabación de este pasillo.

“Fue una producción que hizo Canal Manabita con varios artistas nuestros y ahí estuvieron incluidos mis sobrinos Marco y Eduardo”, señala Luis Miguel.  Y coincidimos en los detalles de la sala de grabación de radio Canal Manabita, de las virtudes de Luciano “Terremoto” Cevallos como operador de audio y de las del maestro Rafael Giler como “director artístico”.

El diálogo lo mantenemos en La Esquina de Vélez, junto al puesto de lustrar calzado del ya emblemático, popular y muy querido Dieguito, sobre la calle Olmedo cerca de su cruce con Pedro Gual.  Y mientras dialogamos, hace presencia Kléver “Yenyeré” Mejía.

Kléver también coincide con nosotros respecto de la grabación primera.  Y añade información propia, muy pertinente, por cierto; no en vano, por varios años anduvo actuando junto al maestro Filemón, en Portoviejo, Manta, el resto de Manabí y, en especial, en Guayaquil: “Adonde nos citábamos para las grabaciones para el sello Caife, que me parece que era como la RCA Víctor”.  “Era la RCA Víctor en Ecuador”, confirma con certeza y conocimiento, Miguel Brito.

Y la conversación deriva a las grabaciones de Filemón, Miguel y Kléver en Ifesa; de cuando el maestro Filemón tocaba en su guitarra las canciones que componía y el músico quiteño Héctor “Manito” Bonilla las transportaba al pentagrama para enseguida empezar a hacerles los arreglos, para lo que “era una bala”, según nuestra expresión manifestada al unísono. 

Miguel recuerda cuando grabó Mi casita blanca, de Filemón, con su acompañamiento, además del de Abilio Bermúdez y el maestro Gonzalo Castro en el arpa.  Por su parte, a Kléver le llega el recuerdo de cómo nació La negra Rumelia: “Filemón la escribió sobre una servilleta en una de las caletas de Manta, mientras mirábamos extasiados la rumba que armaba una negra monumental”

Ambos, Brito y Mejía, comparten nuestra opinión acerca de los cambios que le hacen al poema de Del Casti musicalizado por Macías Joza.  Los tres, Miguel “Yenyeré” y quien narra, recordamos que la letra original dice “Ay, quién fuera Horacio Hidrovo”, y que, además, hay demasiadas versiones que cantan equivocadamente “Pero no guardes silencio”.

Con relación a quienes sostienen que otro cantor, de preciosa voz y expresiva interpretación, la habría grabado antes, los tres alegres tigres citados estamos de acuerdo en que ese artista nunca llevó su voz al acetato, lamentablemente, perdiéndose así el testimonio de una voz sin parangón.  Pero esa es otra historia… (CAMV).-

 

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