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La historia detrás de la canción

Por ser pertinente al desarrollo del ensayo que nos ocupa, decidimos incluir la transcripción textual de la historia del pasillo Romance a una tejedora manabita, que hace Horacio Hidrovo Peñaherrera, el Poeta Mayor de Manabí, hijo del escritor y maestro Horacio Hidrovo Velásquez, a quien Paco del Casti dedicó un verso en el mencionado pasillo.  La narración la hace Hidrovo Peñaherrera en su libro “postal espiritual de Portoviejo” (Gráficas Ramírez, Portoviejo, 1993) págs. 157-158, según su nota inicial “un libro que viaja entre el humor, la nostalgia y lo humano”.   El texto aparece ilustrado por una fotografía donde consta (de pie, segundo desde la izquierda) el poeta Castillo y (sentado, primero desde la izquierda) el poeta Hidrovo Velásquez.  Esto dice Horacio el Joven:

 

“HISTORIA DE ROMANCE A UNA TEJEDORA”

 

“Porque la canción llegó y de pronto se metió en la piel y en el alma de los manabitas; porque su argumento representa la vigilia de mujeres que bajo la luz de un candil envejecieron sus pulmones y sus manos, necesario es hacer la historia de este poema que tiene como autores a dos nombres representativos de la poesía y el pentagrama nacional.  Pero siendo tan nuestro Filemón Macías, el autor de la música, voz, composición y guitarra; hacedor incansable de pentagramas que despertaron los balcones de madera y las persianas realizadas por ebanistas creativos, allá por los años cincuenta, cuando un transparente romanticismo llenaba el ánfora espiritual de los portovejenses, bien vale hablar de Paco Delcasti, multiplicando las líneas, para conocer al autor de la letra, el cual eterniza en uno de sus versos a Horacio Hidrovo Velásquez.  Francisco o Paco, para recordar el acento humano con que lo llamaban sus amigos, era uno de esos personajes sacados de las páginas del Quijote, o estaremos más seguros si decimos que era un quijote de su tiempo.  Vestido de pobreza, pobreza con dignidad, tenía por sonrisa una vertiente inagotable en medio de su conflicto interior, nacido de una sociedad que no podía comprender a ciertos hombres.  Trasnochador, entre versos y anécdotas; bebedor de caminos, compartió con Hidrovo Velásquez, unas veces en Guayaquil y otras en esta ciudad, veladas inolvidables.  No tardó mucho tiempo en que se identificaron; los dos eran soñadores, a veces bebedores de trago largo.  Paco fue muchas veces nuestro visitante en los distintos departamentos de madera y enquinche que mi padre arrendaba.  A veces lo traíamos con la mente en la acostumbrada sobremesa que nos dejó como herencia la solidez de una familia con capacidad de poder distinguir entre lo humano y lo inhumano, entre lo honesto y lo deshonesto.  La figura patriarcal de Hidrovo Velásquez era algo así como un libro abierto al cual teníamos la necesidad de regresar todos los días para definir nuestras acciones.  Paco compartió con nosotros innumerables veces esa mesa sencilla del salario repetido y limitado.  Nos dimos cuenta que había una identidad total entre los dos, hasta poder decir que se parecían físicamente y en sus reacciones psicológicas.  Para ellos la dignidad del hombre era como una montaña mágica, como la transparencia de los cristales de un río lento de verano, que ni siquiera se lo siente cuando pasa.

Cuando Hidrovo Velásquez falleció, el impacto fue enorme para Paco.  Recuerdo que lloró como un niño cuando pierde su mejor juguete.  Se arrodilló y se abrazó con la tumba como cuando un hombre se agarra del tronco de un viejo árbol.  Pero hay otros hermosos y humanos recuerdos de Paco, como su preocupación para dar una salida honesta a su presencia en la Casa de la Cultura, Núcleo de Manabí.  Nada mejor que justificar uno, dos o más egresos económicos, sustentando conferencias y recitales con esa chispa y vitalidad que fluía de ese torrente de sabiduría de su palabra.  Parecía que su voz tenía musicalidad acompañada de una vibrante dicción y de una rica sintaxis, donde lo anecdótico era casi siempre uno de sus mejores argumentos.

Paco y Horacio ahondaron la estación de este ferrocarril llamado vida.  Se fueron y se quedaron hermanados en una canción que ya sembró raíces y que se la escucha no sólo en nuestro mapa montubio, sino también en todos los rincones de la Patria.  Solistas, dúos, tríos y coros, entonan Romance a una Tejedora y es como cantar nuestro propio pasillo, a veces olvidado por la fibra musical y poética de esta creación que nació como nacen los grandes temas.  Paco, Filemón y Horacio, tres protagonistas de un mismo enjambre espiritual, hito al mismo tiempo en el viaje maravilloso de nuestra historia provincial”.-

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