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Los cambios de la letra

Romance a una tejedora manabita

LOS CAMBIOS DE LA LETRA*

A lo largo de su relativamente corta vida (el pasillo Romance a una tejedora manabita tiene apenas poco más de medio siglo de existencia) la inspiración poética de Paco del Casti ha sufrido muchas variaciones.  Por supuesto que esto no es ni exclusividad de tal composición ni raro en el mundo.  Sucede prácticamente con todas las canciones, en cualquier idioma.

Pero lo que nos interesa en este punto es el poema de Francisco Castillo musicalizado por Filemón Macías.  Por eso, haremos una somera pero obligatoria revisión a lo mencionado.  Así, empezaremos por señalar el más notorio error que se produce al cantar este hermoso pasillo manabita.

 

El error más notorio

Se relaciona con la lógica de la letra en los dos primeros versos de la cuarta y última estrofa.  Pero, no, guarda silencio,/ tus secretos no me digas…” es lo que escribió el poeta Del Casti, pidiéndole a la tejedora que calle, que no le diga sus secretos relacionados con todo lo que ha estado preguntándole en las estrofas precedentes: “Di por qué haciendo milagros aún mis ojos no te miran…” y “Dime linda manabita si es verdad que en tus vigilias tejes con aguas delgadas o en diamantes cristalizas ese sombrero…”.

Estos versos pierden todo sentido y llegan a la contradicción cuando el intérprete descuida el respeto a la letra y dice: “Pero no guardes silencio…”.  En esa expresión está tácitamente pidiéndose a la  tejedora que “no guarde silencio”, que hable, que cuente sus secretos.  Pero, entonces, carecen de sentido los siguientes versos que desde el segundo de la citada cuarta estrofa dicen: “tus secretos no me digas”.  ¿Habla y cuenta sus secretos o calla y no los dice? ¿En qué quedamos?  Ese “pequeño” descuido interpretativo le quita todo sentido a la estructura integral de la propuesta poética original de Del Casti.

 

Otros dos cambios notorios

Tienen que ver con el anhelo que manifiesta el poeta en los versos séptimo y octavo de la primera estrofa: “¡Ay, quién fuera Horacio Hidrovo/ con el panal de su poesía…”.  El un cambio consiste en reemplazar el nombre de Horacio Hidrovo por “aquel poeta” o “el gran poeta” (que al respecto tampoco hay acuerdo por parte de quienes cambian la letra original).  El otro es relativo a la preposición “con” que suele cambiarse por la conjunción disyuntiva “o”, quitándole la levedad impresa por el poeta cuando expresa su deseo de ser Horacio Hidrovo (Velásquez, debe entenderse) con su panal de poesías por la dulzura de su lira.  No dice Del Casti que quisiera ser u Horacio “o” su panal poético, no.  Paco dice que quisiera ser Horacio con ese panal para poder tener la capacidad de cantarle en aromas su canción de toquilla.

Ahora, ¿por qué Horacio Hidrovo, específicamente, y no “aquel poeta” o “el gran poeta”?  Simplemente porque Paco del Casti nunca quiso versificar la ambigüedad referencial sobre de quién quisiera poseer sus dotes.  En su poema busca ser preciso.  Es no sólo conocida sino reconocida la admiración y la gratitud que el poeta guayaquileño tuvo siempre por su par santanense.  Entonces, para qué dejar en el aire la “dulce propiedad” de la poesía y hablar de “aquel poeta”.  Además ¿cuál sería “aquel poeta”?  Igual sucede con “el gran poeta”.  ¿A quién se referiría entonces Del Casti?  Es incuestionable el aprecio del joven bardo porteño por su par campesino mayor (Horacio era no menos de veinte años mayor que Paco).  Y es justo su propósito de rendirle homenaje a su amigo incluyendo su nombre en la canción. 

Confirmamos tal propósito cuando recordamos el cuaderno de Paco, donde vimos el poema con título y todo y la alusión al poeta de Vuelta Larga, lo que se ratifica en el cuaderno que conservó el inspirado maestro de la música Filemón Macías en el que constan los versos diciendo “¡Ay, quién fuera Horacio Hidrovo/ con el panal de su poesía!”.  Y se subraya una y otra vez con el poderoso argumento de la cantidad de versiones que lo dicen así (“Horacio Hidrovo”), en comparación a quienes cantan de las otras formas (“aquel” o “el gran poeta”).  Mucho más abundante es el cambio de la preposición “con” por la conjunción “o”, que, a decir verdad, no afecta al sentido general de la letra.  Todos los otros cambios son mucho más frecuentes que el que habla de Hidrovo Velásquez, que es un cambio relativamente raro y no merece mayor comentario.

 

Más cambios

En orden, el primer error o cambio, si resulta menos grave la expresión, al cantar se registra en el quinto verso de la primera estrofa: donde el poeta escribió “qué finas que son las hebras” hay quienes cambian el artículo determinado del plural las por el adjetivo posesivo plural “tus” o “sus”.  Y es que no se trata de hebras de la tejedora (donde iría muy bien el tus o el sus) sino las hebras de la paja toquilla que son tan finas como la misma tejedora, haciendo un tierno símil alusivo a la delgadez de la tejedora imaginada.

La siguiente falla se da en la segunda estrofa, tercer verso, en el que erróneamente se singularizan las aguas delgadas y, en el siguiente verso, el cuarto, también se hace singular diamantes en los que la tejedora cristaliza el leve sombrero “que más que sombrero es brisa”.

Otro de esos errores que suele repetirse con frecuencia es el concerniente a las flores del octavo verso de la segunda estrofa: no son “lirios”, son lilas: “de rosas, nardos y lilas”.  Los pétalos de estas flores son con los que el poeta compara a los dedos de la tejedora manabita de sombreros de paja toquilla.  En la misma segunda estrofa, el último verso, el décimo, algunos intérpretes singularizan (rayo) los rayos de la luna india.

Los cambios siguen en la última estrofa (tercera) segundo verso que el poeta escribió como “aún mis ojos no te miran” y dicen “aún tus ojos no me miran”… que no es lo mismo, ni se escribe igual, no, claro que no.  Es el poeta quien no ve a la tejedora en altar de tamarindo.; no es la tejedora quien no ve al poeta encaramado en el citado altar…

 

Las pluralizaciones

Avanzando, llegamos al  cuarto verso (entre oro, incienso y mirra) que ciertos cantantes prefieren cambiar por entre oro, inciensos, mirras”, pluralizando los aromáticos tributos del vegetal altar en el que el poeta quisiera ver entronizada a la tejedora como milagrosa.

Finalmente, es error común (estamos convencidos de que es con mucho el más frecuente)el que singularizar a los sujetos que tenderían a “robar al Creador sus maravillas” y hasta llegan a cambiarle el género cuando, en vez de cantar lo que escribió el poeta: “…de los altares te quitan/ y te encarcelan celosos…”, dicen “de los altares te quita/ y te encarcela celosa…”.

En su versión, el dúo Gem y Byron Viteri Pólit (se los puede ver y oír en http://novenodelta.blogspot.com/, actualizado el 24/6/2009) cantan “aquel poeta” en lugar de Horacio Hidrovo y dicen “pero no guardes silencio” en vez de “pero no, guarda silencio” y pluralizan, al final, la toquilla diciendo “mis versos a tus toquillas”, además de hacer otro cambio notorio cuando, en lugar de “o es que acaso por robar” dicen “o acaso que por robarle”.

El trío Valentino (http://elblogdelpasillo.blogspot.com)comienza por reemplazar con “un gran poeta” el nombre de Horacio Hidrovo, para, a renglón seguido, decir “o el panal..” en vez de “con el panal de su poesía”.  Dicen “lirios” por lilas, así como “aún tus ojos no me miran”, cuando el verso dice “aún mis ojos no te miran”;  también dicen “tamarindos”, en vez de tamarindo; “celosas” en cambio de celosos; y “las rejas” en lugar de “tras rejas”.

A los Hermanos Cusme le registramos “tus hebras” por las hebras; “lirios” por lilas; “estás tejiendo” en vez de “están tejiendo”; “te quitaspor te quitan; “pero no guardan silencio” por pero no, guarda silencio; ysin hormas de esperanzas” por sigue en tu horma de esperanza.  Y escuchamos una palabra que nos suena como “paltas” donde debe decir altar.

 

De lo visto a lo oído

De nuestros recuerdos relacionados con el poeta Del Casti, pervive clarísimo su hábito de conservar su producción literaria en cuadernos de escuela.  Igual hacía nuestro padre.  Y lo mismo acostumbraba el maestro Filemón.  A fin de cuentas, era el mejor soporte en una época en la que no había computadoras, laptops, teléfonos celulares, iPads ni tablets…

Recordamos uno de esos cuadernos de Paco del Casti, justo aquel donde conservaba manuscrito el poema Romance a una tejedora manabita (así, con ese nombre, completo).  Era una letra de caligrafía de letras largas, grandes, escritas con tinta azul, muy probablemente de bolígrafo, sobre un cuaderno “de una línea”.  Ahí estaba la alusión al poeta Hidrovo Velásquez, detalle que mantenemos vivo en la memoria porque Horacio, igual que Paco Castillo, fue amigo de nuestro padre con quien, además, compartían ideales políticos a la vez que tendencias literarias.  Y cuando hojeamos su cuaderno pudimos ver que estaba ahí ese verso dedicado a Horacio El Viejo (en oposición a Horacio el Joven, como solemos diferenciar a Hidrovo Velásquez de Hidrovo Peñaherrera, padre e hijo, respectivamente).  Y llegamos a esa certeza habida cuenta del conocimiento que teníamos de la amistad que unía a los poetas Castillo (o Del Castillo, si se prefiere) e Hidrovo Velásquez.

En su momento, el doctor Igor Mera nos contó que, cuando se aprestaba a grabar junto a sus hermanos su versión del pasillo que analizamos, habíale solicitado a la esposa del maestro Macías Joza el acceso a algún documento que le diera la certeza de la verdadera letra del Romance a una tejedora manabita.

Y doña Estrella Cantos de Macías le había entregado para que lo revise ¡un cuaderno!  Era el cuaderno de Filemón donde estaba anotado el poema de su amigo Paco.  Esa letra es la que cantan Los Hermanos Mera, con “Horacio Hidrovo”, “pero no, guarda silencio” y todos los demás detalles comentados en líneas anteriores, incluidos, que bien pudieran servir para que quienes cantan el pasillo, sobre todo los manabitas, estandarizaran su interpretación siguiendo la letra verdadera.  Sería un efectivo homenaje a la memoria de los tres grandes protagonistas: Paco del Casti, Filemón Macías Joza y Horacio Hidrovo Velásquez. (CAMV)

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