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Paco, la tejedora y Horacio

Por: César Augusto Maquilón Vera

Francisco Castillo fue un poeta, periodista y libretista guayaquileño que firmó sus escritos (poemas, artículos, ensayos, radiodramas, etc.) con el seudónimo de Paco del Casti, aunque en varias ocasiones apareció como Paco del Castillo.  Hombre del pueblo obtuvo una firme formación humanista de índole autodidacta. Sus convicciones políticas de izquierda le dieron tal coherencia ideológica que pese a la persecución, la cárcel y las torturas que sufrió por parte de la policía política de diversos regímenes antidemocráticos, jamás renegó de su comunismo militante y radical.  Debió luchar callada y  sesgadamente por su condición de hombre dignamente diferente.



Un flaco divertido
Alto, flaco casi enjuto, algo encorvado, de ojos verde claro con una mirada profunda de cierta tristeza, que él intentaba neutralizar con apariencia de natural buen humor. Poseía una poderosa voz radiofónica que él aprovechaba para sacarle utilidad en la radio de la segunda cuarta parte del siglo XX. Dominaba distintos acentos, especialmente el porteño argentino, que solía usar con excesiva frecuencia; unas veces para despistar a potenciales perseguidores, otras por efectos seductores y las más por simple vanidad: le gustaba hacerse pasar por argentino.  De hecho algunas de las escasas semblanzas que de él quedaron, lo ubican como argentino.  Gente que lo conoció “de cerca” quedaron convencidos de que “era argentino”.  Pero era guayaquileño (1).

Dotado de una poderosa imaginación, dominio del lenguaje radiofónico y exacerbado sentido dramático supo alcanzar un fácil manejo de las herramientas del libretista.  Fue bien apreciada (aunque nunca justamente pagada) su capacidad como libretista de radiodramas y otros géneros radiofónicos, incluyendo los noticieros, en los que desplegó sus virtudes como redactor.

Su militancia política lo hizo presa fácil para los sabuesos de la policía política ecuatoriana.  Sus arrestos eran frecuentes y, como se dice, "si no estaba preso, lo andaban buscando". Por esas ansias libertarias y la necesidad de supervivencia, cada vez que las cosas se ponían difíciles, políticamente, en Guayaquil, Paco buscaba "desaparecer". Cuando lo lograba exitosamente era, en la mayoría de los casos, porque había venido a parar a Manabí.

En la tierra hospitalaria (2)
En la "tierra hermosa, cual ninguna hospitalaria" como a plenitud la pintara Elías Cedeño Jerves, Castillo encontró sano, reconfortante refugio. A Manabí venía literalmente "a convalecer". Sus achaques orgánicos hallaban alivio con el descanso, la relativa seguridad que sus amigos le ofrecían, pese a que éstos también estaban en las listas policiales de activistas políticos buscados.

Ese fue el caso del poeta, escritor, maestro y político comunista Horacio Hidrovo Velásquez.  El Flaco siempre estuvo presto para tenderle la mano al otro Flaco, por quien sentía el transparente afecto del amigo añadido al solidario del coideario perseguido.  Así fue como forjaron una amistad de poderosos lazos: Paco estaba en peligro, se venía a Manabí, Horacio lo acogía, de ser el caso lo escondía, si el ambiente lo permitía se convertían en compañeros de una bohemia teñida del escarlata de su ideario, sublimada en los versos que se leían analizándolos, regada generosamente por los jugos de la dulce caña fructuando en la campiña santanense.

La casa de Horacio fue la de Paco cuantas veces la necesitó. Y si ese era el deseo del flaco guayaquileño, el poeta de la Vieja Vuelta Larga lo complacía encontrándole hospedaje en Portoviejo.  Paco vivió agradecido de Horacio y se sintió orgulloso de su amistad no exenta de las guías del magisterio hidrovino y de los consejos casi paternales del poeta manabita que, por lo demás, hacía fantásticos malabares domésticos con los escuálidos recursos económicos que lograba acopiar con su trabajo.

El encuentro con la tejedora
Cierto día, en una de sus estadías en estas tierras, en Montecristi pudo ver a las tejedoras de sombreros de paja toquilla tejiendo sus maravillas. Escribió unos versos, los reescribió, los mejoró hasta perfeccionarlos y entonces los mostró: se los llevó a otro buen amigo y compañero de bohemia, el maestro de la música Filemón Macías Joza. "Póngale música, Filemón", habríale dicho, entregándole la letra de su poema Romance a una tejedora manabita.  Desde luego, había incluido versos en homenaje a su hermano-amigo: "¡Ay, quién fuera Horacio Hidrovo/ con el panal de su poesía...!". El siempre creativo Filemón captó de inmediato el espíritu de esos versos y con acordes de su guitarra fue moldeando la arcilla suavísima de su soporte musical.  Claro, en compás de pasillo.

El doctor Igor Mera Martínez (3), director de ese grupo coral e instrumental que ya es ícono manabita Los Hermanos Mera, tiene vivo el recuerdo. Estaba preparando la producción de un nuevo disco y los ñaños Mera habían decidido incluir el Romance a una tejedora manabita.  Pero de las versiones varias que había escuchado Igor en lugar de certezas le quedaban dudas.  Estaba la contradicción del “Pero no guardes silencio (o sea “habla”) “tu secreto no me digas” (o sea “calla”) que le resultaba molesto.  Lo lógico era que dijera “Pero, no, guarda silencio, tu secreto no me digas”; es decir, pero, calla, no me digas tu secreto”.(4)

De modo que fue a hablar con la esposa del maestro Filemón, doña Estrella Cantos de Macías, para salir de la duda.  Ella le mostró el cuaderno donde su esposo había dejado impreso de su puño y letra el poema original. ¡Ahí estaba! El poeta Del Casti había escrito: “Pero, no, guarda silencio/ tu secreto no me digas…”.  Y decía “qué finas que son las hebras y no “sus hebras”.  Y seguía con “¡Ay quién fuera Horacio Hidrovo con el panal de su poesía” y no “Ay quien fuera aquel poeta/y el panal de su poesía”.  También decía “para cantarte en aromas” y no “para cantarle”.  Y era “tamarindo”, en singular.  Además, estaba clarito que era “aguas delgadas” y no en singular, así como “diamantes”.   Y era “lilas” y no “lirios”. Y eran “rayos” y no “rayo” y “encarcelan celosos” y no “encarcela celosa” y… ¡en fin!  Era como lo habían pensado. Respiró tranquilo Igor y vocalizaron correctamente todos, Daniel, Jorge, Elizabeth y, claro, también Igor. Entonces sí, ¡al estudio de grabación! Poco después, su versión se imponía como LA versión de “La tejedora” como apocopa la masa cuando alude al Romance a una tejedora manabita.

El niño de la dulce voz (5)
Filemón Arquímides Macías Joza (Portoviejo, 1° de mayo de 1920-12 de marzo de 1994) era un niño apenas y ya fascinaba con la encantadora dulzura de su voz. El canto se le daba natural. Estaba dotado para el arte de la música. Y se fue evidenciando su talento para la ejecución de la guitarra. Con el paso del tiempo, pasaría a integrar la selecta lista de artistas nacionales que acompañaban su canto ejecutando con dominio la guitarra, como Marco Tulio Hidrobo, Armengol Barba, Carlos Bonilla, Terry Pazmiño, Bolívar Ortiz, Carlos Guerra o Miguel Espinoza. Filemón, su voz y su guitarra eran un todo artístico integral. Por ende, la facilidad para la composición no sería sino consecuencia de la conjunción de talentos que en él se dieron.
El maestro Macías Joza compuso una impresionante cantidad de canciones en los más variados géneros.  Nada mejor que el archivo de su prodigiosa memoria para guardar temas, motivos, melodías, compases, canciones...
Así archivó la música de la que para muchos sería su más bella composición, el pasillo de la tejedora.  Y cuando fue oportuno, la transportó a la guitarra para ejecutarla cantándolo él con su afinada voz o enseñándola a sus muchos y muy aprovechados alumnos.  No fue extraño, en la arraigada oralidad manabita, el traspaso del conocimiento de la hermosa canción de la inseparable guitarra de Filemón a los oídos de sus futuros intérpretes.

Las mágicas voces de dos niños
La primera versión grabada que conocimos fue la de los hermanos Bermúdez Brito, Eduardo y Marco  Sucedió en febrero de 1972, justamente, cuando acabábamos de arribar a Portoviejo.  Veníamos de Guayaquil, marcando una forma de conducir programas de radio en Tropicana en Sonocolor, emisora del grupo Guerrero Valenzuela, para incorporarnos a Radio Canal Manabita 625, del grupo Fernández Cevallos.  Ni bien llegado, el entonces director de la emisora, Humberto "El Negro" Arroyo, nos llevó a recorrer las instalaciones de la radio.
No podía faltar el paso por la sala de grabaciones a la que ingresamos en el momento preciso en el que dos niños aproximándose a la adolescencia, daban los últimos dulcísimos trinos de su edad interpretando una canción que nos resultaba conocida pero que sonaba mágicamente diferente: era el Romance a una tejedora manabita de Castillo y Macías, surgiendo de las gargantas maravillosas de Marco y Eduardo Bermúdez Brito.

Operaba los controles con su facilidad febrilmente delirante Luciano "Terremoto" Cevallos.  Hacía las veces de director de producción un tío de los niños, el maestro Rafael Giler.  Luciano trabajaba con las técnicas de avanzada por entonces: la pista sonando en una poderosa grabadora-reproductora marca Teac tipo reel-to-reel (de carrete grande) y registrando simultáneamente las voces de los hermanitos Bermúdez Brito en otra Teac de última generación. Ramón y Lauro, los hermanos Fernández Cevallos no se andaban con rodeos e iban a los más reconocidos suministradores de equipos del exterior para dotar de lo mejor a su emisora.  La producción aseguraba así la calidad.

La Canal…
En esa emisora, a la que el pueblo identificaba como “La Canal”, fundada en agosto e inaugurada el 3 de septiembre de 1967, Paco del Casti fungió de libretista y productor. Venía de ser editorialista en radio Atalaya, de Guayaquil ciudad donde desarrolló la mayor parte de su quehacer radiofónico6. En 1948 vivía la intensa bohemia guayaquileña como cliente habitual del alegremente célebre Salón El Búho, que también frecuentaban Rafael Díaz Icaza, Enrique Noboa Arízaga y Gastón Hidalgo Ortega, por citar a pocos.

En 1949, habiéndose ausentado a Lima el actor Paco Villar, la dirección de Radio El Telégrafo pasó a Enrique Vega.  Entonces se montó la segunda temporada de "El teatro en su hogar", programa dominical donde Paco integró el elenco junto a créditos como Manolo Ocaña Dorado, su mujer, Delia Garcés, la española Conchita Pascual, Pablo Ney Vela Rendón (padre del "Rey de la Cantera"), Gonzalo Heredia y Ralph del Campo, entre otros. (6)

En 1954, cuando en América latina arreciaban las manifestaciones contra el régimen de facto del guatemalteco coronel Carlos Castillo Armas, Paco del Casti trabajaba en Radio El Mundo, en Guayaquil, donde escondía a los jóvenes manifestantes que huían de la policía nacional, en las manifestaciones contra la dictadura guatemalteca.

Los camaradas
La filiación comunista de ambos unió a Francisco Castillo y Horacio Hidrovo Velásquez. Se conocieron en Guayaquil y fortalecieron su amistad en el transcurso del tiempo.  Cada vez que era necesario, por las persecuciones políticas, Paco buscaba refugio en Manabí. Y cuando no, se venía por acá donde sabía que de alguna manera, su amigo lo ayudaría. No cabía esperar que Hidrovo Velásquez contara con fortuna para recibir al amigo, pero la administración inteligente de la escasez de recursos le permitía acogerlo en cualquier momento. Además, la hospitalidad manabita es proverbial porque es real, efectiva, sincera, oportuna…

En Manabí, Paco entabla nuevas amistades, con Manuel Andrade Ureta, con Constantino Mendoza, con Filemón Macías, con los artistas, escritores e intelectuales de Manabí, concentrados en la Casa de la Cultura del Núcleo manabita. Allí, también obtendría uno que otro recurso cumpliendo tareas afines a sus aptitudes artísticas relacionadas con el teatro y la radio. Establece contacto con Ramón y Lauro Fernández Cevallos, quienes lo ayudan económicamente y lo llevan a trabajar a su emisora Radio Canal Manabita 625.(7)

El Lic. Walton Alex Ponce Seminario, en su Biografía del compositor de Romance de una tejedora (segunda edición, mayo de 2003/Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo de Manabí), ofrece interesante información respecto a la relación de Paco con Horacio, de su agradecimiento y la inclusión del nombre del poeta santanense en el poema de Castillo luego canción con el aporte de Filemón.

Las vivencias del doctor Ramos (8)
Ese amigo entrañable y solidario, radiodifusor y pedagogo, que es el doctor Hugo Matías Ramos Sornoza, "el de la nota sabrosa", recuerda un día que estando en el noticiero que conducía en esa radioemisora, se apareció Paco del Casti, botella de cerveza en mano, y Hugo no desperdició la oportunidad para entrevistarlo. Recuerda el doctor Ramos: "Al inicio de la entrevista me expresó: 'traigo esta botella de cerveza, porque estuve brindando con mi entrañable amigo Horacio Hidrovo Velásquez en su tumba y amigos como él jamás se pueden olvidar'". El Flaco Castillo venía del cementerio, ubicado detrás de las instalaciones de Canal Manabita 625... Después, añade el doctor Ramos, Paco "se hizo buen amigo del ahora Dr. Nilo de la Cruz Palma, quien era productor de Canal Manabita, estudiante de veterinaria en la U.T.M. y quien cientos de horas disfrutó de la amena, vigorosa y universal charla" del poeta.

A Hugo Matías, Paco también convenció como argentino… Y así, entre tareas radiofónicas, teatrales y bohemias, el poeta guayaquileño forjó amistades, labró caminos de entendimiento, estimuló vocaciones artísticas y comunicacionales.  Y vivió a su manera lo que le restaba de existencia.

El día menos pensado, Francisco Castillo, Paco del Castillo, Paco del Casti, volvió a desaparecer de Portoviejo. Poco después, se supo de su muerte, tras de soportar prácticamente en la indigencia su tortuosa enfermedad pulmonar. Murió en su natal Guayaquil, en cuyo cementerio general está sepultado.-

 

(1) Tuvimos la oportunidad de conocerlo personalmente en Guayaquil por la amistad que lo unía a nuestro padre, el poeta César Maquilón Orellana, bastante mayor que él y quien lo visitó en algunas ocasiones cuando estuvo internado en el hospital.
(2) Esta parte del ensayo se desarrolla sobre la base de entrevistas con varias personas que lo conocieron en Manabí, como los ingenieros Alberto Cedeño Dueñas y Toño Bermúdez, fallecidos, así como José “Pepé” Mendoza Medranda, Luis  Miguel Brito Mieles, Kléver “Yenyeré” Mejía, Lauro Fernández Cevallos, Dr. Hugo Ramos Sornoza, Dr. Nilo Palma,  Luciano “Terremoto” Cevallos y otros.
(3) En entrevista personal mantenida la noche del sábado 25 de enero de 2014, en su domicilio, el Dr. Igor Mera Martínez nos detalló lo aquí narrado.
(4) Al respecto, en junio de 2006, El Diario publicó una nota, que incluimos en este libro.
(5) Los datos biográficos del maestro Filemón Macías Joza han sido recopilados de diversas fuentes fidedignas y abiertas, así como de entrevistas con el Ab. Voltaire Maquilón Vera, su amigo personal, y con quien tuvieron estrecha relación de trabajo en el ámbito del espectáculo en Guayaquil y Quito; así como por la experiencia personal del suscrito, que tuvo el honor de conocer al maestro y compartir algunas reuniones junto a Humberto “El Negro” Arroyo, en Portoviejo, y a Voltaire, en Guayaquil.
(6) Información proporcionada en vida por nuestro padre, César Maquilón Orellana, y nuestro hermano, Voltaire.
(7) Información proporcionada por el hijo de Horacio Hidrovo Velásquez, el poeta Horacio Hidrovo Peñaherrera, el Poeta Mayor de Manabí, en distintas conversaciones, entre los años 1974 y 1990.  Hidrovo Peñaherrera aporta más información en su nota Romance a la tejedora manabita, que incluimos en este mismo libro, tomado de su obra postal espiritual de Portoviejo.
8 RAMOS SORNOZA, Dr. Hugo Matías, Vivencias, Departamento de Cultura del Colegio Particular de Informática "Portoviejo", Portoviejo, 2009.

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